viernes, 13 de enero de 2023

 LA ETERNA PENA

El sol se levantaba a través del mar de tejados que reflejaban su luz hacia el cielo. En una habitación pobremente amueblada una persona empieza a despertar, sus ojos negros se abren lentamente al sentir el roce del viento en su mejilla, en sus cabellos, como una amante que se despide al llegar la mañana. “un día más” piensa y se levanta quejumbrosamente.

Después de un aseo rápido se viste con ropas limpias pero viejas, se calza un gastado par de zapatos y se lanza al mar de asfalto que le espera mas allá de las puertas de su rancio recinto, él camina por las roídas calles de la ciudad, su caminar es pausado y desinteresado, su camisa de lino gastado, que una vez fue blanca, baila al compás de sus pasos, su tez es limpia y su mandíbula fuerte; su cabello algo largo se mueve al son del viento y sus ojos cansados atisban con gran maestría los rostros anónimos que lo cruzan en las veredas, “las personas ya no caminan tanto como antes” piensa y sigue adelante,  algunas personas se le quedan mirando al pasar, tiene una apariencia desconcertante, parece estar en sus veintes, pero por alguna razón se siente mayor a eso, mucho mayor… ¿es algo en sus ojos?; de repente y sin previo aviso una mujer se para a unos metros de él, su mirada atrevida le escudriña raudamente con asombro y desconcierto, al cabo de un momento que le pareció una eternidad el hombre se da la vuelta y regresa por el camino que había recorrido como alma en pena que recoge sus pasos.

- “Disculpe” dice la mujer corriendo hacia él, “disculpe” vuelve a llamar, pero por única respuesta el hombre se aleja mas rápido, tanto que ella tiene que correr para alcanzarlo.

- “Perdóneme, pero ¿nos conocemos?”, era una mujer como de 25 años pequeña, con cabellos largos y oscuros, tez clara y dulce y ojos felinos, ella lo había alcanzado y rápidamente se había situado delante de él para poder verle de frente la cara.

- Usted me confunde - dijo el hombre.

- ¡No!, estoy segura que es usted, hace 16 años hubo un incendio, yo era una niña, estaba encerrada y no podía salir, el fuego consumía la casa y estuve a punto de morir, pero un hombre entro a través de las llamas, me tomo en sus brazos con una gruesa manta y me salvó, nunca olvidaré sus ojos profundos que me devolvieron la vida; desde entonces lo he buscado en cada rostro que miro y hoy por fin te he encontrado, después de tantos años yo te…

 

De repente la mujer calla, había caído en cuenta de que el hombre que se encontraba delante de ella tenía exactamente la misma apariencia que aquel muchacho que lo había salvado 16 años atrás ¿Cómo era posible? Aquel muchacho ya debería ser un hombre bien entrado en sus treintas y sin embargo parecía menor que ella. El hombre le miro lleno de ternura, dio un paso hacia ella y le dijo con voz suave “disculpe, pero se equivoca, soy nuevo en la ciudad y hace 16 años no hubiese tenido la fuerza para salvarte” levantó una mano y esbozó una amplia sonrisa, luego se dio la vuelta y continuó su camino dejando a la atribulada mujer con una gruesa neblina en la mente y una sensación extraña en el corazón.

 ***

Muchos años después una mujer caminaba despacio por la vieja vereda que llevaba del cementerio al parque, sus cabellos llenos de canas se rehusaban a perder la batalla y volverse completamente blancos y su espalda estaba curveada bajo el peso de los años; el sol brillaba alto aquella mañana de domingo y el viento soplaba refrescante entre las hojas de los árboles del parque que atravesaba, era un día hermoso, aunque para ella era indiferente; hace mucho que había dejado de disfrutar de la belleza de la naturaleza, los años habían causado mella en su carácter y su talante, otrora juguetona y traviesa, hoy se presentaba cansada.

84 años pesaban sobre ella, había tenido una buena vida, había vivido aventuras y viajes, se había enamorado varias veces (y separado otras tantas) y tenía una familia grande que la amaba y que la visitaba cada domingo por la tarde para almorzar y jugar bingo “fue una buena vida” pensó mientras recopilaba sus recuerdos en su mente, recordó como parecía tener mucha suerte, por extraño que parezca aunque en su juventud había sido una muchacha descuidada, había logrado salvarse de accidentes en innumerables ocasiones  “tengo mucha suerte” se repitió “… excepto en el bingo” – pensó y esbozó una sonrisa cansada.

Aunque había tenido una buena vida, ya se sentía cansada, lo que más amaba de sí misma era su independencia, pero con los años esta se iba reduciendo cada vez más y más, no era la vida que le gustaba, a veces solo querría que Dios la llamara a su lado, pero no ocurría.

De pronto sintió que alguien le seguía, no era una sensación extraña para ella, había tenido la misma sensación durante muchos años, pero de alguna forma ahora era diferente, era palpable, podía sentir nítidamente unos ojos penetrantes clavados en su nuca.

Al sentirse acechada, caminó lo más rápido que sus envejecidos huesos le permitían, tratando de escapar, dejó atrás el parque y entró en un callejón pequeño, por algún motivo estaba desierto “las personas ya no caminan tanto como antes” pensó, finalmente llegó al final de la calle, no había salida. De improviso volteó la mirada y pudo ver a su perseguidor directamente a los ojos, casi lo había olvidado, casi había dejado atrás la profundidad de aquellos ojos oscuros, como un hermoso sueño que se desvanece justo al despertar y que solo deja tras de sí la sensación de una alegría fugaz, vestía su camisa de lino blanco bastante gastada, su tez era limpia, su mandíbula fuerte y su cabello algo largo bailaba al son del viento.

Era aquel hombre, aquel que lo había salvado del incendio y con el que se había encontrado una mañana cálida muchos años atrás… pero ¿Cómo era posible? El tiempo no había pasado a través de él, solo sus ojos parecían mayores, arcanos y cansados. Al verlo su corazón se sobresaltó, su cuerpo no soportó aquella impresión, la impresión de encontrar algo que había perdido y la sensación de pérdida al sentirse tan lejos de él: tan cansada, tan enjuta tan vieja… cayó, como caen las hojas en otoño, como el sol muere cada crepúsculo, le pareció que esa caída duraba una eternidad, y en ese corto lapso recordó su vida, tan nítida y vivaz como si cada evento hubiese ocurrido hace solo un santiamén, y en sus recuerdos encontró esos ojos mirándole una y otra vez, a lo largo de su vida, esos ojos que le daban la sensación de seguridad, que le animaban a seguir y que nunca había reconocido…¿Por qué?... la pregunta se quedó a medias, un remolino de emociones la asaltó mientras su mente se precipitaba al vacío, sintió que toda su vida había amado a ese hombre y toda su vida se sintió amada por él, sus labios esbozaron una sonrisa y rápidamente la vida escapó de sus ojos y fulminada por un infarto dejó de existir, con la mirada fija en aquellos oscuros y profundos ojos que toda la vida le había supuesto un dulce enigma, que de alguna forma toda la vida la había amado y así, con una sonrisa de medio lado, la niña que se había vuelto mujer. murió.

*** 

De pie delante del cadáver inerte de una mujer mayor, un hombre llora, sus ojos oscuros y profundos como el mar se desbordan y mojan su vieja camisa de lino, el sol brilla en lo alto, pero para él su luz era ominosa; mira hacia el cielo y repite una maldición entre dientes.


Han pasado siglos, y año tras año la misma historia se repite una y otra vez, el dolor se hace cada vez mas insoportable y su alma siente el peso de los eones corromperlo, han pasado siglos y no recuerda ya su nombre, ni su delito, ni su castigo, ni su juez, ni su verdugo… lo único que su corazón guarda es el sufrimiento eterno de la perdida de cada ser que ha amado, la congoja de la soledad eterna y la amargura de no poder morir.

 

Me5iAs.

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