LAS SEIS PIEDRAS MÍSTICAS Y LA PROFECÍA
- Señor, creo que debe ver esto
Un sirviendo había entrado en la antigua recamara de piedra desgastada por el paso del tiempo y había pedido la presencia de su maestro, el mismo que se encontraba meditando y que se mostró visiblemente molesto por haber sido interrumpido de tal forma.
- Que puede haber pasado para que me interrumpieran así - iba pensando el maestro mientras bajaba las empinadas escaleras circulares que desembocaban en una amplia sala central pobremente adornada con candelabros y que se matizaban perfectamente con las telas de araña que cubrían casi toda la parte alta y con las paredes corroídas y viejas dando la impresión de que aquel lugar era tan antiguo como la vida misma, en el centro del piso había grabado una estrellas de 6 puntas y en medio de esta estrella se encontraba una especie de pozo sellado con una gran piedra que tenia algo escrito en ella. El maestro, un hombre delgado y muy alto de dedos largos y piel blanca con barba y una túnica morada se acercaba mas y mas cuando de pronto pudo distinguir qué era lo que había obligado a su sirviente a llamarlo aun a costa de arriesgar su ira.
El maestro bajaba dando saltos rápidos, casi volando, mientras sus ojos se abrían desorbitadamente y su mente trataba de generar palabras que su boca no podía articular, los pocos miembros de su orden estaban alrededor del pozo entonces finalmente uno de sus pies toco la fría piedra del piso y corrió hacia el centro, todos se volvieron para verlo, casi todos tenían la misma mirada de asombro que él.
- Señor, el pozo, de repente hizo un gran ruido y -
- ¡Silencio! – El maestro había callado la voz de otro monje, no se lo conocía como una persona de un carácter paciente, pero esta vez había sido realmente brusco, pero no era para menos, finalmente la razón de la fundación de su Orden se hallaba frente a ellos, y todos estaban muy excitados por esto, cuantas veces se había preguntado él mismo si aquello era real, pero ahí estaba la señal que había sido predicha desde el principio de los tiempos, finalmente ahí estaba en medio de todos los monjes de su orden en el templo mas antiguo de la tierra, en una isla al final del mundo.
Las letras grabadas en la piedra que sellaba el pozo estaban brillando con un resplandor dorado tan intenso que apagó las llamas de las antorchas y se escuchó una voz como un trueno, un grito ahogado de desesperación y la piedra que sellaba el pozo se rasgó en 6 partes
- Rápido, ha llegado el momento, invoquen ante mi la misión, el mandato por el que fue creado nuestra orden hace tanto tiempo - el maestro mando a los 6 monjes que estaban alrededor del pozo y ellos salieron velozmente hacia 6 puertas de hierro que quedaban frente a cada una de las 6 puntas de la estrella grabada en el suelo después de un momento todos volvieron portando en sus manos cada uno una gema de diferentes colores. El que estaba en la punta norte tenia una gema blanca y brillante como nada de este mundo, como un sol en las palmas de sus manos, el que tenía la punta sur tenia una piedra oscura, mas oscura que cualquier sombra de la noche, parecía un portal hacia el vacío…un agujero sin fondo, el de la punta noreste era azul como las olas del mar, el monje del extremo noroeste tenia una gema roja, como el fuego mas vivo, el del sureste era verde como las mas hermosas praderas y el del suroeste era celeste como el amplio cielo, todos ellos caminaron hacia el centro cuando estuvieron frente a la estrella colocaron las místicas piedras en cada una de las puntas de la estrella, después se levantaron y dieron 3 pasos hacia atrás levantando las manos y empezaron un canto profundo, un canto que sonada como el crepitar del fuego, el sonido del viento, las olas del mar, el alma de los bosques, la luz del sol y la fuerza de las sombras.
El maestro también levantó las manos y se unió al canto, era un canto lento pero poco a poco se ponía más y más rápido y mas y mas agitado, mientras avanzaba el sonido de los cantos se iban formando pequeños rayos de los colores que salían de cada una de las gemas y se unían tímidamente en la parte más alta del recinto justo sobre el pozo.
El canto se hizo cada vez mas rápido casi violento mientras que las líneas de luz se iban ensanchando, convirtiéndose en rayos, como truenos de una gran tormenta, el sonido llenaba todo el recinto y el canto iba llegando a su final, por ultimo el canto terminó en un sonido ahogado como el de un hombre cayendo en un abismo y una gran esfera de luz se formó en el centro de la habitación, parecía una estrella de diferentes colores que empezó a descender sobre el pozo hasta que se unió a las letras doradas y se escuchó una potente voz que salía de la estrella.
“Del maestro de la orden
misión es ir hacia el otro mundo
donde el silencio termina
y la luz nace manchada de oscuridad
El destino de un no nacido
Por él debe ser guiado
hacia el fin del mundo
Debe venir”
Después de esto se escuchó un ruido y la estrella desapareció, en su lugar apareció flotando una figura fantasmal como de un hombre vestido con un alva, con cabellos largos y mirada dura, a sus pies todos los monjes habían caído rendidos con sus rostros perlado de sudor, el único que estaba de pie era el maestro.
«¿Que significa esto?» dijo en voz alta, nadie le respondió, de todas formas no esperaba que lo hicieran, según las reglas divinas los que invocan la
Ahora debo traer aquí al niño que esta por nacer, para que escuche la profecía, esa es la misión que se me ha encomendado – Pensó el maestro
El Maestro fue a buscar al más joven de los habitantes del recinto y le dijo:
- Lazario, Entierra a los otros, y cuida la profecía, debo partir pero regresaré, no se cuanto tarde en llegar a donde debo ir, pero confía en que algún día regresaré, mientras tanto, tu misión es proteger este recinto, de eso depende el futuro de todo lo que existe.
El niño de 12 años lo miraba atónito, hacia algo de 2 semanas que fue elegido para ser parte de la Orden, había sido arrancado de una granja en un lugar lejano a orillas de un mar en donde el sol se ahogaba cuando la noche llegaba, había dejado a su padre, su madre y a “roedor” su fiel perro y ahora estaba ahí, vestido con harapos y recibiendo la misión más importante de su vida, y no lo dudo
- Si maestro, lo esperaré hasta el final de los días y protegeré la entrada al Templo de la Eternidad con mi vida.
El maestro sonrío, se sentía bien por haber hecho una buena elección con el pequeño, disfrutó cada segundo de esa sonrisa mientras duro, pues él pensaba con acierto que tal vez nunca mas volvería a sonreír, tomo su viejo báculo, se despidió de Lazario y caminó por los duros caminos de piedra delante del portal del templo, el maestro caminaba despacio, cuando estuvo algo lejos volvió atrás y vio apenas la punta del primer templo levantado en el mundo, suspiró un poco, nunca había salido de ahí en toda su vida y ahora debía encontrar a aquel que debería conocer la profecía, se despidió en silencio de sus recuerdos y volvió a mirar hacia delante, su mirada se torno dura y pensó “si sigo de frente algún día llegare al otro extremo del mundo, espero que no este muy lejos”, después de eso dio un gran suspiro empiezo a andar.
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